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Diseñadora y académica UC Bernardita Figueroa: Un gran esfuerzo que tuvo frutos

Enseñó matemáticas durante todos sus años en Lo Contador para contribuir al financiamiento de sus estudios, en los que destacó. A los 35 años, esa ética del esfuerzo la tiene hoy como profesora en la Universidad Católica, socia de una consultora de diseño y miembro de directorios de diversas organizaciones. Donante del Proyecto Endowment UC, específicamente para becas, Bernardita afirma que la motivan las ganas de ayudar a que otros estudiantes puedan estudiar con tranquilidad y libres de incertidumbre a través de un modelo probadamente fructífero, como los fondos de reserva patrimonial.

 directorio endowment

 

En 2004, Bernardita Figueroa entró al campus Lo Contador para convertirse en diseñadora. Las extensas jornadas de taller y correcciones quizás fueron un anticipo de la larga relación que tiene hasta la fecha con la Universidad Católica, donde es docente de pre y posgrado en la escuela donde se formó, así como del MBA y del Magíster en Innovación. Sus años de estudio fueron un constante correr entre las clases a las que asistía como alumna y las que ella misma daba, como profesora particular de matemáticas, para poder financiar su carrera, por lo que la hoy donante del Endowment UC señala que aportar a becas –una de las líneas de acción del proyecto- ha sido el factor movilizador de sus ganas de sumarse a la iniciativa.

Su período como alumna de Diseño fue intenso. Debido a su trabajo –llegó a tener 12 estudiantes al mismo tiempo- corría para alcanzar a cumplir sus compromisos. Un factor adicional, comenta Bernardita, es que en general la vida universitaria, en el caso de las carreras diurnas, no está pensada para compatibilizar el trabajo con los estudios, lo que se ve agudizado en carreras como Arquitectura o Diseño, donde algunas clases pueden extenderse muy pasada la hora oficial de término. Pese a la exigencia que suponía esta “doble militancia”, Bernardita tuvo un muy buen rendimiento académico, lo que la llevó a recibir por varios años la Beca de Honor, que financia la mitad del arancel. Pero igual quedaba el resto, así como otros elementos clave en la vida de cualquier universitario o universitaria, como materiales y transporte.

 

 
 Bernardita Figueroa invita a donar al Proyecto Endowment UC

 

“Mirando para atrás, yo creo que fue una época súper dura. Yo probablemente tuve menos espacios de socialización y de esa dimensión de la vida universitaria, entonces claro, en ese sentido me viene una cierta nostalgia, pero por otra parte yo creo que ese esfuerzo me hace la persona que hoy soy”, afirma la profesional, que además cuenta con un MBA. El cansancio, sin embargo, no era el factor más agudo de su día a día: “Yo creo que lo más complejo era la incertidumbre, la inseguridad, el saber que finalmente tu continuidad como estudiante dependía de la capacidad que tenías de generar recursos, y eso era fome, no tener la tranquilidad para efectivamente dedicarte a estudiar, la tranquilidad de que, bueno, si pasa algo vas a poder continuar. Eso fue lo más duro”, indica la también socia de la consultora BBK. De ahí sus ganas de contribuir a un proyecto como el Endowment UC, que busca entregar becas a jóvenes que las necesiten, de forma de que no solo no se queden fuera de la institución por falta de recursos, sino que puedan también concentrar el máximo de sus energías en aprender. “Lo que me gustó de esta iniciativa es que siento que tiene una lógica. Es un modelo probado, que se usa en muchas universidades alrededor del mundo, que sabemos que funciona. Además, no es una cosa puntual, sino que busca la construcción de futuro, la estabilidad futura, y eso me parece interesante”.

 

Diseñando experiencias

La carrera de Bernardita ha sido bastante meteórica. A los 35 años, además de ser profesora de su escuela, donde además fundó la línea de investigación de diseño de servicio, y socia de una consultora especializada en esa disciplina, es directora de Abastible, Buin Zoo (pro bono) y asesora del directorio de Chile Diseño. Todas estas actividades le encantan, pero la educación sin duda que tiene un lugar especial en su vida: “La docencia es lo que me apasiona y me llena el corazón. Esencialmente hago clases porque me llena el alma; me gusta la vinculación con los estudiantes, me mantiene actualizada, siento que es mi forma de hacer retribución a todas las oportunidades, al país, ayudando en la formación de personas. Creo que es mi forma de aportar”.

En ese rol es que ha apoyado a alumnos y alumnas en sus propios emprendimientos, como ha sido el caso de Josefa Cortés, de quien fue profesora guía en su proyecto de título. Josefa, en esa etapa de su carrera, inventó un dispositivo que busca incentivar el autoexamen para la detección de cáncer de mama, al que bautizó como Palpa. Hoy, ya con su empresa andando, Bernardita sigue vinculada con su estudiante, esta vez como asesora. “Además de haberla formado y de haber aportado en su educación, [los alumnos y alumnas] desarrollan cosas que finalmente pueden tener impacto social. A mí eso me moviliza un montón”, precisa.

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